3/3/09

Finísima Visita ...O DE... Cuando una finísima persona pasa por este blog.

marzo 3, 2008.
número 27

do you know my face ?
Oh, don't say you don't
Please say you do, (oh) I am :
The last of the famous
International playboys
The last of the famous international playboys
morrisey

Famoso... sí... cualquiera que haya leído Men's Health o Conozca más sabe su nombre.
Internacional... pues si tomamos en cuenta que vive en Miami, pues sí, si es internacional
Playboy... definitivamente no. A menos que califique como playboy sólo por tener una gran colección de estas revistas en algun clóset de su casa.

Total, que no podemos decir que hoy nos visita el último de los playboys internacionales más famosos, pero si podemos decir que hoy tenemos el honor de tener como invitado a una FINISIMA PERSONA llamada Toño Sempere. Una finísima persona que tengo el placer de conocer desde hace más de ... prefiero omitir el tiempo para no ventanear edades. No sólo un gran compañero de escuela, profesional del mundo de las revistas, gran gerente de nuestra amada ESTEREO-UIC, sino también un gran amigo con unos conocimientos musicales excelsos.

Si leyeron este espacio la semana pasada, entendieron que el buen Sempere y yo hicimos eso que sucede en los comics llamado CROSS-OVER. Es decir, si fuera torneo de futbol, podríamos decir que hicimos una colaboración a visita recíproca... O bueno para que entiendan... la semana pasada escribí en su blog y esta semana el BUEN SEMPERE escribe en el mío. Así que en esta ocasión yo sólo me conformaré con escribir estos 3 parrafitos a manera de introducción.

Así que sin más ni más los dejo con esta colaboración del MAESE SEMPERE y dénse una vuelta por el blog de esta Finísima Persona.

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odio esto, odio aquello, odio eso... ¡¡¡odio todo!!!

Catálogo de Odios Triviales

Life is like a penis, most people don't know it
But most people suck so they usually blow it
Bloodhound Gang, Take The Long Way Home

La naturaleza placentera del ser humano no es más que un hábil disfraz, un mimetismo defensivo que la creación ha aportado para contribuir a la permanencia de la especie. Así como el camaleón es capaz de cromatizar su epidermis para coincidir con los tonos predominantes del entorno, el ser humano adopta un tono indiferente y resignado en cuanto a la apreciación del medio que le rodea, con el fin de evitar confrontaciones. Si en realidad fuéramos honestos con nuestro yo interno, con ese ser indomable que no tiene miedo de generar opiniones contrarias a lo que dicta la norma social, todos estaríamos mostrando nuestro desencanto a todas horas, por una gama inmensa de motivos. Me explico:

¿Cuántas cosas odian? Sean honestos. Son cientos, quizá miles. Pero cuando las encuentran frente a frente, cuando realmente les afectan, ¿qué hacen todos? Levantan la mirada mientras suspiran exasperadamente, en ese rictus que las mamás llaman "voltear los ojos" (he aquí un término absurdo). No hacen nada más al respecto. No reclaman a la vida esos breves momentos agrios en la cotidianeidad. Sólo los aceptan, como si fueran parte del precio que hay que pagar diariamente por gozar de la existencia. ¿Por qué conformarse?

Es por eso que yo, para poner el ejemplo, estoy compilando esta lista de odios. El primer paso para poner soluciones es reconocer la naturaleza de nuestros problemas, y yo he empezado ya a hacer una lista minuciosa de los míos. A primera vista son odios banales, que no coinciden con todos esos problemas que abruman a las candidatas de Miss Universo: el hambre en el mundo, la caza de ballenas y tantas otras causas nobles que facilitan al jurado decidir, a fin de cuentas, cuál de las concursantes está más chichona.

No, mis problemas, las raíces de mis odios, son míos. Entorpecen mi diario "use y disfrute" de la vida, y no estoy dispuesto a seguir aceptándolos por el simple hecho de que "son". En lo que pienso la manera de poner solución a todos estos baches en el camino que conduce a mi felicidad plena, quiero repasar los que me vinieron a la mente en las últimas horas.

• Odio el "fruitcake" en Navidad. ¿A quién le gusta recibir un pedazo de pan migajonudo, mechado con frutas secas seguramente provenientes de una Rosca de Reyes rezagada, como símbolo de las fiestas decembrinas? El "fruitcake" es sinónimo de rancedumbre, inutilidad. Es un símbolo de todo regalo que se da por compromiso. Y hay que tomarse como cuatro vasos de leche para bajar una simple rebanada. Como nunca he visto a nadie acabándose una aberración culinaria de este tipo, he formulado una teoría: Todos los “fruitcakes” del mundo son los originales. Existen desde hace incontables generaciones, y la gente nada más se los pasa de mano en mano por siempre jamás. Nadie ha vuelto a hornear uno nuevo desde los albores de la humanidad, pues la primera dotación aún sobrevive, añejándose un poquito más con cada nueva Navidad.

• Odio a las secretarias que dicen "fíjate", "manito" o "tanda". Si emplean estas palabras en una sola frase, como "fíjate que estamos organizando una tanda, manito", es el peor de los martirios.

• Odio al tarado que siempre que llega a su casa cuando estoy de visita me hace el ingenioso chiste de preguntar si es mío "el coche al que le robaron las llantas allá afuera". Nunca había oído ese genial chascarrillo con anterioridad. ¡Qué deleite! ¡Qué dicha! ¡Qué ingenio! ¡Qué pendejo hay que ser para pensar que la broma sigue generando buen humor en alguien!

• Odio escuchar a la gente que lee en misa. Si no saben leer bien, con inflexión, entonación y pausas en la puntuación, ¿porqué carajos se paran a hacer las lecturas? Ya les he explicado a quienes me conocen que no soy precisamente una autoridad en religión, pero estoy seguro de que Dios no los va a considerar mejores personas por pararse a dar lástimas ante toda la congregación, tergiversando lo escrito (en ocasiones extremas) y exasperando a quienes, como yo, pecamos sin ton ni son, pero eso sí, leemos bien bonito.

• Hablando de misa, odio a la gente que canta los himnos desafinando, o que pretende ser los primeros en empezar los rezos, comulgar, o participar de cualquier forma. Aclaro que no fue esa la razón por la cual dejé de ir a misa o de profesar una religión, pero definitivamente no ayudaron los plañideros y estridentes gemidos de la viejita desgarrándose la garganta en un “¡Te presentamoooos, el viiiino y el paaaan!”.

• Odio a los pendejazos que se quieren hacer pasar por expertos cinéfilos con argumentos como el de que las películas en blanco y negro son “muy dramáticas”.

• Odio al mesero que pregunta "¿Todo está bien, señor?", cuando tengo la boca llena de arroz (o de cualquier otro alimento). ¿De verdad espera que le responda en esas condiciones? Como además tengo problemas de coordinación, ni siquiera soy capaz de asentir al mismo tiempo que mastico, por lo que generalmente el mesero se queda mirando mis esfuerzos por tragar el bocado antes de responderle. Podría decirse que odio el servicio atento en un restaurante.

• Odio a los políglotas que hablan un idioma desconocido para mí cuando me encuentro en su compañía. El ejemplo clásico: la mamá de un amigo mío es belga [pausa dramática para que los lectores lancen el albur obligado. Ok, proseguimos], y a pesar de que ella habla el español con fluidez, de repente habla con su hijo en flamenco cuando estoy yo presente. A mí, obviamente, me obligan a pensar lo peor (“¿Este es el cabrón que no sabe distinguir entre una toalla de manos y el papel de baño?” es uno de mis escenarios más recurrentes). Aunque ella le esté haciendo un simple reclamo por no haber hecho su cama por la mañana, yo creo que están criticándome o planeando algo terrible en mi perjuicio. Y mi cuate, en vez de reclamarle a su madre esa falta de cortesía, ¡se sigue hablando! Bien lo dice mi amigo Beto: los extranjeros sólo vienen a nuestro país a llevarse nuestros empleos y nuestras mujeres.

• Odio a los(as) mamones(as) que se refieren a Pablo Milanés o a Silvio Rodríguez simplemente como "Pablo" o "Silvio", como si fueran familiares suyos, o seres universalmente reconocidos por sus primeros nombres. Este es un ejemplo de uso:

MAMON:
... como el otro día, que fuimos al Teatro de la Ciudad
a ver a Silvio en su despedida de la gira.
MAMONA:
¿Ay, te gustó? Yo, sinceramente, prefiero sus primeros discos,
cuando no era tan marcada la incfluencia de Pablo...
MAMON:
¡No sabes lo que dices! Si alguien ha tomado algo del otro, es al revés.
Esos versos de "Huellas sobre mis pasos" de Silvio son anteriores
a los que plagió Pablo en su disco "Catálogo de especies", que es posterior...
MESERO:
Buenas tardes, la especialidad del día son mollejitas Sanborns...
MAMON:
¿Qué guarnición traen?

Los dos últimos parlamentos son para ilustrar mejor el ambiente donde estos payasos pretenden darse sus baños de pureza cognoscitiva. Ni se te ocurra preguntar "¿Qué Pablo (o Silvio)?", pues te dedicarán una mirada desdeñosa digna de la realeza que posa sus ojos en la mendicidad. Este ejemplo no se circunscribe a los dos cantautores antes mencionados. Dénse por aludidos todos aquellos que salpican sus conversaciones con otros primeros nombres de alcurnia artística, como "Facundo", "Joan Manuel", "Fher", etcétera...

• Odio a la gente que se refiere a TODA película, TODO disco o TODO programa de TV que no fue de su agrado como “La peor mierda que se haya hecho”. Bien dicen que en gustos se rompen géneros, y lejos estoy yo de seguir intentando explicarle a algún hijo de la gran sonaja porqué pienso que su deleite personal por Daddy Yankee no le confiere mucha credibilidad a la hora de evaluar a Interpol, por ejemplo. Pero mi gran problema es que TODO sea lo peor. No hay grados. No hay escala. O es “chingonsísimo(a)” o es “una reverenda mierda”. A veces, cuando tienen que ceder terreno ante un punto medio, aplicarán “mediocre”. Pero nada más. Siempre me hacen pensar en cómo evalúan a las personas. Quizá las que les caen bien son todos bautizados como “mi súper brothersísimo del alma” o “mi alma gemela”, las gentes que les caen mal entran en el rubro de “ese(a) pobre pendejo(a) de cagada” y la gente en el punto medio son “los demás” en colectivo, o “ese guey/esa vieja” en unidades.

• Y cierro mis odios hasta este momento de mi vida con el odio hacia quienes tratan mal a los meseros en los restaurantes. Ustedes saben de qué hablo: exigen servicio como si dieran centenarios de propina, pendejean a todo mundo por la razón más vana, piden hablar con el capitán/gerente/dueño para quejarse con amargura sin mayor razón... pero eso sí, esperan SIEMPRE un descuento sustancial, que les cambien el plato que no les gustó o que alguien sea humillado en su presencia como validación al coraje que están haciendo. Y no quiero decir que yo no me queje por el mal servicio en un restaurante (lo hago siempre que considero que el servicio ha desmejorado conforme a estándares previos, o cuando es obvia la falta de cuidado. Pero siempre lo hago cuando voy sólo (o acompañado, pero con la aprobación del resto de mis compañeros de mesa) y SIEMPRE cuando ya no hay peligro de que le escupan o profieran similares vejaciones a mi comida. Hasta para reclamar hay que ser desconfiados y astutos, señores. Mi protesta favorita due de un señor que pedía la cuenta incesantemente y no la traían, hasta que empezó a reventar los vasos vacíos de la sobremesa uno por uno en el suelo del restaurante. Tres vasos después apareció corriendo un mesero preguntando qué sucedía. El señor, muy amable: “¿Te recuerdo que me traigas mi cuenta, flaco? Y por favor apúntame tres vasos rotos”. Sobra decir que estos nunca fueron cobrados.


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odio que el SEMPERE haya terminado de escribir

En fin, gracias al vampírico, satírico y muy querido Jara por su atenta y catártica invitación. No se olviden de leer el texto que él mismo nos dedicó en Finísima Persona hace unos días. Por acá nos leemos, banda.

El Toño
Finisima Persona

Gracias al buen Toño Sempere por esta excelente colaboración y así, el experimento de este proyecto alterno de visitas recíprocas termina de una manera muy odiosa pero muy agradable. Un abrazo Toñito.

4 comentarios:

Dan††e: †he Vice dijo...

Odio a la gente que se queja en blogs ajenos... jajajaja no es cierto. Alguna vez hice una hate list en mi blog pero la deje inconclusa. Una duda... si yo digo Toño y Jara... soy como los que dicen Pablo y Silvio?

Ahh y mi albur para insertar: todos somos hijos de la belga jajajaja.

Saludos.

Anónimo dijo...

Otra vez gracias, Don Jara. En especial por la cita musical de su santidad EL MORRISSEY!

Dan††e: No, Toño y Jara es como Tintán y su carnal Marcelo, o como Tuco y Tico Las Urracas Parlanchinas... pero en su equivalente como lugar común en la subcultura pop.

Por cierto, mi amigo y su jefa van a poner un restaurante que reúne las tradiciones culinarias de México y Bélgica: se llama La Memela Belga.

Traiganme mi sombrero y mi bastón, que ya me voy... ¿Ven porqué El Jara tiene que poner filtros a los comentarios? Puro pinche naco suelto por ahí.

Pacasso dijo...

Ah caray... surgen dudas... intercambian textos ante la imposibilidad de intercambiar fluidos? es el blogger-crossover la nueva forma de salir del closet? es cognoscible el ser?

Korkuss dijo...

Finísima entrada sin duda!